Los malos hábitos orales son prácticas adquiridas y repetidas por lo niños, las cuales pueden provocar graves daños en su mandíbula, paladar y dientes, entre otros. Como consecuencia estas prácticas afectan las siguientes funciones: Respiración, deglución (tragar alimentos), succión, masticación y hasta puede afectar la correcta producción de sonidos y palabras. Una detección precoz sobre estos hábitos orales ayudará a evitar futuros problemas en la salud bucodental de los niños.
Son muchos los malos hábitos que puede adquirir un niño a lo largo de su infancia, vamos a ver cuáles son y qué consecuencias pueden provocar:
Chuparse el dedo
Aunque parezca un simple gesto que puede llegar a ser incluso enternecedor, la succión del dedo acarrea consecuencias graves en la boca de los niños. La presión que ejerce el dedo contra el paladar y la posición que adquieren los dientes al realizar este mal hábito oral, hace que el niño desarrolle una mordida abierta (ausencia de contacto de los dientes superiores con los inferiores) y que el paladar se hunda y se estreche.
Usar chupete o mamadera
Es la más común en los niños, ya que desde bebés la succión es su método de alimentarse (succionar la leche desde la mamadera) o bien, su método para tranquilizarse (succión del chupete). Pero, a partir de los 2 años, esto ya se considera un mal hábito oral. Las consecuencias pueden ser la pérdida de tonicidad de músculos de la cara, deformación en los labios, desarrollo de los dientes superiores hacia afuera y de los dientes inferiores hacia adentro (causando una mordida abierta). Su uso excesivo puede incluso provocar alteraciones en el desarrollo del habla.
Por otro lado, suele ser bastante común que los padres mojen el chupete en azúcar o miel con el objetivo de calmar el llanto de su hijo. Sin embargo, este hábito favorece que el niño desarrolle caries en esos primeros dientes de leche. Y aunque aparentemente carezca de importancia porque, en palabras de algunos padres, “los dientes de leche se le van a caer”, la realidad es muy distinta.
Está demostrado que aquel niño que desarrolla caries durante la primera dentición, tiene más probabilidades de desarrollar esta enfermedad en la dentición permanente. Además, llegado el caso de tener que extraer un diente de leche con caries, antes de que se caiga por sí mismo, puede causar que ese espacio que estaba destinado al diente permanente, sea ocupado por los dientes contiguos, generando apiñamiento.
Respiración bucal
Aquí el niño en vez de inspirar el aire por su nariz, lo hace por la boca. Esto conlleva a una serie de alteraciones, tales como, baja tonicidad en la musculatura facial y problemas en la articulación de sonidos, especialmente /S/, /F/, /D/, /T/, /P/, /B/, /M/. Por otro lado, puede generar dificultades atencionales debido a la inadecuada oxigenación, o bien, pueden provocar problemas de mal aliento, caries o enfermedades de las encías; esto se debe a que este tipo de respiración facilita la entrada de bacterias en la boca.
Comer todo molido
Triturar la comida para “favorecer la digestión” del niño, en realidad, le perjudica en lo que a su dentadura se refiere. Esto se debe a que sin masticación no existe la estimulación de los músculos y estructuras dentales.
Desde que salen los primeros dientes del niño, debería empezar a ingerir alimentos sólidos ya que ayudarán a preparar la encía y las estructuras dentales para que los dientes crezcan fuertes y en el lugar adecuado.
Si bien éstos son algunos de los malos hábitos más comunes, puede haber otras costumbres que pongan en riesgo la boca de los más pequeños. Evitándolos nos aseguraremos de que hacemos todo lo que está en nuestras manos para que la salud bucodental de nuestros hijos sea la mejor posible.
Recomendaciones para evitar los malos hábitos orales:
- Se recomienda retirar paulatinamente el uso de la mamadera y del chupete a partir de los 12 meses. Se puede comenzar a utilizar un vaso con bombilla o boquilla.
- Incluir en la dieta del niño a partir de los 12 meses alimentos sólidos y picados para potenciar la masticación y desarrollar de forma correcta los músculos que trabajan en ese proceso.
- Los músculos que participan en la masticación son los mismos músculos que participan en el habla. Así que recuerda, un adecuado desarrollo de la masticación favorece un adecuado desarrollo del habla.
- Si ves que tu hijo respira por la boca o siempre anda con la boca abierta, coméntale esta situación a su pediatra para que lo pueda derivar a un especialista.
Si cree que su hijo puede presentar alguna dificultad debido a alguno de estos malos hábitos orales, no dude en consultar con un profesional.
